INCOMPATIBILIDAD DE GÉNERO

Incompatibilidad de género
Todos necesitamos un había una vez. Un relato que justifique el origen, que nos de raíces. Participar de una historia común formada de recuerdos, costumbres que no sabríamos explicar porque seguimos. Tradiciones que nos ponen orgullosos, complicidades y secretos. Sobre todo secretos, de esos que todos saben y nadie dice. Eso y no otra cosa nos hace familia. Por eso repetimos los mismos rituales, contamos las mismas anécdotas, por eso nos da nostalgia ese guiso que hacía la abuela aunque nunca nos haya gustado. Porque nos marca un origen, un inicio.
Esa es la historia de mi fracaso.
El mío fue un cuento de terror y el de Juan un cuento de hadas, no había manera de que funcionara, yo no quería soltar mis fantasmas y él no podía hundirse en el barro. Yo necesitaba el drama que justificara mi origen y él preparaba cenas románticas a cuento de nada.
No había manera de que funcionara.
Mi vida en blanco y negro se contaminaba a medida que la hora de dormir se adelantaba. El fin de semana, netflix y pizza. Las salidas de a cuatro, las visitas de los suegros, la hora de comer, la siesta, el sábado supermercado, el domingo caminata.
Y el aburrimiento, por Dios, el aburrimiento. La puta normalidad me asfixia.
Esta vida no es para mí.
No quiero ser salvada.

📝Texto: Euge Miqueo

📷PH: Lorena Santana

Nacer a los veintisiete

Nací hace doce años una noche de primavera en un boliche del barrio de Palermo. Había  enterrado las esperanzas, el amor era para otra vida.

La soledad se me había hecho carne, no creía que hubiera otra opción para mí. La vida era eso, soñar y no conquistar. También es cierto que la libertad comenzaba a gustarme. Tal vez no es tan malo estar sola –rumiaba en los rincones- hago lo que quiero y no doy explicaciones. Esa noche iba a pararme en esa vereda, en la de las solas que disfrutan de su libertad.

Mis amigas fueron al baño y un suspiro de fastidio me sentó en un rincón. En definitiva, era una noche más que me tenía ajena, observadora. Cuerpos que se tocan, música, humo, lo mismo de siempre. Otra vez la batalla interna: esto no es para mí.

De golpe lo vi: Jean oscuro, camisa bordo, pelo largo hasta los hombros que movía al compás de la música. Él también me miró. Se acercó, se presentó y me sacó a bailar. Seis meses después, vivíamos juntos.

Mi segunda vida se parece bastante a la primera: me levanto temprano, a la misma hora de siempre; desayuno café con leche, lo mismo de siempre; voy a trabajar, al mismo lugar de siempre; tengo tres amigas, las mismas de siempre.

Para el ojo ordinario, poco entrenado, casi nada cambió; pero mi nueva vida nada tiene en común con la primera: ya no habito un cuerpo, sino dos. Ahora se con certeza lo que significa sentirse amado; llegar a mi casa tarde y encontrar el pijama preparado en el living y una luz prendida. Tener un día difícil y encontrar un oído dispuesto y  un abrazo a mano, un mate calentito acompañado, un silencio compartido y una caricia para mis pies helados.

Las aventuras de la China Iron: el verdadero paraíso

En español, historia, como en italiano storia, significa tanto historia como relato.
Fernando Ainsa

Diseño sin título (1)

 

Había una vez, Argentina

Cuando olvidamos que la historia, como disciplina humanística, está narrada desde algún punto de vista en particular, dejamos de cuestionarnos y aceptamos como verdades totales a alguna de las parcialidades en pugna. Además de esta visión parcializada, sucede, no pocas veces, que a los textos fundacionales se los toma como documentos inapelables de nuestra identidad nacional  que, como toda identidad, es una construcción narrativa. Esto es lo que la escritora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, llama El peligro de la historia única

“Es imposible hablar sobre la historia única sin hablar del poder. (…) El poder es la capacidad no sólo de contar la historia del otro, sino de hacer que esa sea la historia definitiva. (…) La historia única crea estereotipos y el problema con los estereotipos no es que sean falsos sino que son incompletos. Hacen de una sola historia la única historia”.

Es por eso que cuando estos textos fundacionales se reescriben, de alguna manera, crean un nuevo paradigma, cambian el foco de la historia y suman imaginarios posibles.

Y entonces se construyó un monstruo

Luego de haber roto las cadenas del orden colonial, la elite dominante de la recién nacida Argentina se encomendó a la tarea de forjar la identidad nacional primero, y llevar a la nación al progreso, después. Pero el término nación lleva consigo un “otros”; otros que, en este caso,  molestaban con su estilo de vida que no era compatible con los ideales eurocéntricos y, sobre todo, ocupaban las tierras que la nación “necesitaba” para llevar adelante sus planes de progreso. Para “limpiar” la pampa crearon un monstruo, una excusa para desplazar a los indios de sus tierras y perseguir a los gauchos. A través de ficciones orientadoras fueron imponiendo la idea de monstruosidad salvaje y la necesidad de “civilizar”. ¿Las mujeres? las mujeres habitantes de la pampa fueron borradas de la literatura y de los estudios sociales; y cuando aparecían era echarles la culpa del fracaso del proceso de civilización.

Hay diferentes tópicos sobre los cuales la pedagogía colonialista y la elite dominante se aprovecharon para estigmatizar a los indios, a los gauchos y a las chinas: la antropofagia, la escasa o nula domesticidad, el culto o religión y el comportamiento sexual. Sobre estos temas se construyó la monstruosidad salvaje necesaria para excluir a los nativos de la comunidad imaginada. A continuación especificaremos a que refiere cada tópico y, luego, veremos cómo se reescriben estos temas en Las aventuras de la China Iron, reescritura en clave de género del Martín Fierro de José Hernández.

 Domesticidad salvaje: este punto es quizás el más interesante de todos por el doble juego que hace Cabezón Cámara con Josefina China Star Iron. La mujer de fierro, con su libertad recién estrenada, se deslumbra con el mundo “civilizado” de Inglaterra. Las telas, las especies, la tecnología, la forma de preparar los alimentos, la pulcritud de la carreta, todo ocasiona en ella las ganas de “ser inglesa”. Y no solo se deslumbra sino que también, ahí, “sentí el golpe. Los golpes de de la vida a la intemperie, antes de estar arropada en esos géneros”. Cuando la pampa se le llena de polvo y la tapera no es más que un recuerdo oscuro y húmedo al que no quiere volver más, cuando parece que la reescritura de Cabezón Cámara va a confirmar las representaciones típicas de la vida en la pampa, llegan a tierra adentro. “El desierto -siempre habría creído yo que era el país de los indios (…)- era parecido a un paraíso” dónde “los trabajos se dividen solo por el criterio de aptitud, el deseo, y la necesidad, si hay”. Sería muy largo de citar todas las costumbres de los Iñchiñ pero, como la China atestigua, cultivan la tierra, construyen viviendas, cuidan de los niños, pescan, narran historias, tienen diversos trabajos rotativos y negocian con sus vecinos guaraníes. Es decir, de salvaje o inexistente, nada.

Culto o religión: en este paraíso que es el desierto parecen convivir los diferentes cultos sin problemas, quizás, debido a la diversidad étnica que constituye al pueblo Iñchiñ formado por nativos, gauchos, chinas, extranjeros y, los menos queridos, argentinos. La cosmovisión precolombina está presente, la naturaleza entera y ellos mismos son una sola cosa, pero también está, “Dios Nuestro Señor” al que la china le rezaba para que la ayude a salir de la tapera.

Comportamiento sexual: En tierra adentro la china va seguir descubriendo cosas, entre ellas, “la cantidad de apetitos que podía tener mi cuerpo” y si bien el Dios cristiano está presente en la comunidad, no parece haber llegado la represión sexual judeocristiana porque, como dice la China, “como habrá sido en el principio, nos amamos todos sin pudores”. La sexualidad se presenta en esta reescritura como libre, sin condicionamientos de género y sin pudores pero no bestial sino hermosa.

 

 Colorín colorado, la historia no ha terminado

Como dijo Gabriela Cabezón Cámara en una entrevista que realizó en Youtube, “los que gobiernan ahora son los dueños de la tierra, (…) los que ganaron la guerra en el ochenta, ganó el modelo extraccionista pero no es el único modelo posible”. Con el colonialismo primero y “el modelo de nación civilizada” después, se nos impuso una historia única: la historia de los salvajes nativos americanos que no sabían más que delinquir, emborracharse y violar mujeres. La historia de los gauchos vagos que no querían trabajar, que eran borrachos y malandrines. También, ocultaron a las mujeres, negándoles desde el nombre hasta un papel en la historia, y cuando las mencionaban, era para hacerlas culpables del fracaso de la civilización. El poder que tienen estas reescrituras es el de devolverles la voz a los indios, a los gauchos y a las chinas; el de permitir que miremos el otro lado de la historia conocida, la que se utilizó para estigmatizar y adueñarse de las tierras.  Nos dijeron que eran bestias, salvajes, animales y,  sin embargo,  nos encontramos con comunidades organizadas, trabajadoras, con cultura y religión. No era civilizada, si por civilizada se entiende europea, pero ese, ese, es solo un lado de historia; y nuestra historia no está terminada.

Datos editoriales: 

Las aventuras de la China Iron.

Gabriela Cabezón Cámara.

Pengüin Randome House (2017)


Bibliografía

  • Mujeres argentinas: las chinas. Representación, territorio, género y nación (Multiculturalismos, género y diversidad cultural). Marre, Diana. Universitat de Barcelona (2003)
  • Monteleone, Jorge. La Argentina como narración. Buenos Aires, Fondo nacional de las artes, 2011
  • Anderse, Benedict.Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. México, Fondo nacional de cultura económica, 1993.
  • Garramuño, Florencia. “I. Reescrituras”. Genealogías culturales. Argentina, Brasil y Uruguay en la novela contemporánea (1981-1991). Rosario, Beatriz Viterbo, 1997. 11-24.
  • Murillo, Celeste. Las aventuras de la china iron: una de cowgirls. La izquierda diario. 5 de Noviembre de 2017
  • Moreno, María. Anfibia.
  • Viola, Liliana. Aquí me pongo a contar. “Entrevista a Gabriela Cabezón Cámara.” Página 12, suplemento “Soy”. 27 de Octubre de 2017
  • Villanueva, Vicu. “Charlando con Gabriela Cabezón Cámara”. Youtube

 

Todos somos monstruos

Avanzo sin saber si voy hacia la luz o hacia la oscuridad.
Soy un Karamázov

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La compañía teatral de El convento ofrece todos los viernes a las 21 horas “Los hermanos Karamázov”. Adaptación de Martín Barreiro de la última novela de Fiódor Dostoievski.

El escenario donde este drama espiritual se representa no podría ser más propicio para alimentar la fantasía. El teatro se ubica dentro del Convento Grande de San Ramón Nonato de Buenos Aires fundado por la Orden Mercedaria en 1601. Techos altos con grandes arcadas, pasillos oscuros y escaleras crujientes le dan el marco perfecto a esta tragedia, donde, la lucha del bien contra el mal se encarniza.

Todos somos crueles, señores, todos somos monstruos.

Los hermanos Karamázov es la última  novela que escribió Fiódor Dostoievski, considerado uno de los mejores escritores de la literatura occidental,  entre 1879 y 1880. La adaptación del texto fue realizada por Martín Barreiro quien a su vez se encargó de la dirección y de la maravillosa puesta en escena. La compañía del teatro El convento tiene veinticinco años de trayectoria y fue galardonada con con los premios más importantes  que se entregan en Buenos Aires al teatro independiente.

La historia que los actores y el director tienen en común se nota en la solidez de su trabajo. La puesta en escena es cautivadora:  ágil, creativa, coreográfica. Un gran trabajo de luces y musicalización termina de crear el clima en que los actores se lucen.

Con el tema del parricidio como eje central, la obra lleva al espectador a pensar y pensarse a través de los dramas morales más grandes de la historia. Fiódor Karamázov, el patriarca de la familia, niega la existencia de Dios y es, en sí mismo, la manifestación de todos los vicios del hombre. Codicioso, libertino, ruin y desamorado, parece querer apelar a lo peor de cada uno de sus hijos: Dimitri, tal vez el que más se le parezca pero con rasgos de bondad ya que tiene la capacidad de amar, Ivan un intelectual racionalista que niega la existencia de Dios, Aliosha, un novicio cristiano que es el héroe de la obra y poseedor de todas las virtudes y  Smerdiakov, el perverso hijo natural, carente de todo sentido moral.

Es un  rasgo humano tener fe.

¿Hay virtud sin inmortalidad? ¿Dios existe? Si Dios existe ¿Como puede permitir las atrocidades que suceden en la tierra? ¿Ejercitaríamos la virtud y la bondad sino tuviéramos miedo del castigo? ¿Sino persiguiéramos la recompensa de la vida eterna?

Tal vez estas preguntas nunca tengan respuesta certera y definitiva, pero, en Los hermanos Karamázov  un cada personaje tiene una postura diferente en este dilema existencial. Y, al igual que en el juicio que se representa en la obra, el espectador, luego de escuchar los argumentos de cada uno, tendrá la posibilidad de estar más cerca de su respuesta a la que llegará no sin encontrarse con lo peor de cada uno.

 

Elenco por orden de aparición:

FERNANDO BLANES (Fiódor), IGNACIO GIL (Relator), NINA GIANUZZI (Adelaida-Matrona-Demonios), MIMI FERRARO (Marta-Demonios),YANINA ROSSETTI (Lizabeta-Demonios), LAURA PERILLO (Sofía-Fenia-Demonios), BRUNO CHMELIK (Dimitri), OSCAR SANDOVAL MARTÍNEZ (Zósimo- Kuzma-Juez), JEREMÍAS FERRO (Iván), JONATHAN DI COSTANZO (Aliosha), FABIO VERÓN (Grigori-Oficial-Juez),JAVIER ALTAMIRANDA (Smerdiakov), PAM MORRISON (Catalina) y GRACIELA ROVERO (Grushenka).

ESCENOGRAFÍA, VESTUARIO Y DISEÑO DE LUCES: MB-MB

ASISTENCIA COREOGRÁFICA Y ENTRENAMIENTO: GRACIELA ROVERO

DISEÑO GRÁFICO: AGUSTINA FUENTES CORONA

PRENSA: TEHAGOLAPRENSA

ADAPTACIÓN, PUESTA EN ESCENA Y DIRECCIÓN GENERAL: MARTÍN BARREIRO

Funciones: viernes 21hs.

TEATRO EL CONVENTO: Reconquista 269, CABA
Informes y reservas: 4264-1101 www.teatroelconvento.com.ar

Localidades: $250.-

 

Jamás llovía

Me imagine y era feliz. Desayunaba en el patio en pijama y con pantuflas. Sonaba Charly García y cantaba sin que acaso me importara que alguien me oyera. Se hacían las doce o tal vez la una pero no tenía que cocinar; me arreglaba y salía a visitar algún museo. Seguramente tomaba un café por ahí, me ubicaba en la ventana de algún bar que diera a una plaza. Atardecía pero no importaba, no tenía obligaciones, nadie me esperaba.

Estaba más linda y más flaca. En el trabajo me iba mejor, cogía con todos. ¡Y era tan linda! llevaba puesta una ropa… con esa caída que tienen las buenas telas. Nunca era de noche, ni tampoco domingo. Siempre había sol y hacían veinticinco grados. Jamás llovía. La casa estaba pintada y tenía muebles nuevos, o mejor, me mudaba.

-¿En qué pensás? -preguntaste levantando la vista del libro.

-En nada -mentí- ¿Cerveza?

-Dale ¿película?

-Dale.

Me abrazaste y cubriste mis pies con una manta. Esos pies que, sin tocar, los sabías helados. La película era un bodrio pero casi, automáticamente, pasamos a otra cosa. Del beso seco a la lengua, la mano en la teta. Te ubicaste ahí, y con la destreza de veinte años de matrimonio, de conocimiento mutuo, de vergüenzas olvidadas; de mañas y ganas de matarte por una tontería o no, de las caras de culo cuando volvés del trabajo pero, también, por la manta en los pies, la charla de domingo, la cerveza y la película, aunque sea mala, por bancar mi exigencia y motivarme cuando me asusto, por ubicar tu mano justo ahí, dónde solo vos sabés. Abrí y los ojos y te miré: más rápido, susurré, y por fin, grité.

-Perdóname, estuve mal hoy -dijiste- mientras te ponías los pantalones. Trajiste otra cerveza, reanudamos la película y me tapaste los pies. Me sonreí.

Me vi y era feliz.


Ilustradora: Soledad es una artista plástica uruguaya, vive en Montevideo y es tan parte de la naturaleza como un árbol o una montaña. Está conectada al universo como todas las personas bellas. Ilustró libros en Uruguay, Argentina, México y España.

http://www.soledadvoulgaris.com/

Texto: Euge Miqueo

 

“Amiga” de Malena Saito

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Si te escribo demasiado

no te asustes

es difícil quedarse en esta casa

cuando pasa el tren y una no espera a nadie.

 

 

 

El propósito de las vanguardias históricas era unir el arte con la vida y Amiga, el poemario de Malena Saito, es una clara expresión de esa máxima. Es fácil sentirse interpelada, reconocerse en ese “Amiga” que propone el sujeto de la enunciación:

Amiga, /lo extraño /lo busco entre millones de miradas.

Pero no todas las conversaciones de amigas tienen a los hombres como protagonistas, también, hay lugar para el humor, muy presente en todo el libro:

las colillas clavadas en el pollo parecían las velitas / de la torta de mi cumpleaños.

Las dudas sobre el futuro y lo que esperamos para la vida son también parte de este precioso poemario:

Me gustaría decirte / amiga/ que toda la cerveza / que tomamos en estos años / es un tobogán / un pasaje para desarmar el dolor /escondido atrás de los dientes / que se pudren por la fuerza del miedo. / Me gustaría /amiga / que tomáramos vino /que creciéramos / y fuéramos mejores personas, las más felices /de nuestros amigos, /que eligiéramos siempre /las decisiones más salvajes /y que nada, nada /nos pasara /por encima.

En una época como esta, de unión de las mujeres, de sororidad y revolución, dónde nos juntamos para reclamar justicia pero también, para deconstruir conceptos largamente establecidos, este poemario, es una más de nosotras haciendo historia en la calle.

Punto rojo

Cada uno de ellos ignoraba la existencia del otro cuando el festejo de fin de año los convocó.
El jardín de la casa de Bea estaba repleto de pequeños grupos de personas conversando. La noche, abierta y fresca, llegaba como un bálsamo luego de un día ardiente y pegajoso. El mate con facturas dio paso a la picada con cerveza y las distintas conversaciones continuaron confluyendo de un tópico a otro sin aminorar la marcha.
Ella jamás se hubiera acercado, ni él siquiera la habría notado. Parecían personas de mundos diferentes. Él, algo mayor que ella. Su cabello era escaso y finito, ya anunciaba una calvicie certera.
Espalda con espalda, solo unos centímetros de distancia los separaban, cuando el destino, cruel y burlón, los invito a darse vuelta al mismo tiempo. Se miraron y se sonrieron nerviosamente. Una primera y tempestuosa confusión recorrió su cuerpo y la dejó muda. No sentía calor ni frío y perdió sentido del tiempo y el espacio. Lo observó nuevamente y al fin lo tuvo claro. Otro cuerpo, otra cáscara, misma alma.

Su corazón destellante parecía explotar cuando él, finalmente, dijo “hola”.

A ella le hubiera gustado poseer la osadía suficiente para decirle, ahí mismo, que lo había estado buscando. Que no sabía que existía, pero que, sin dudas, lo había estado buscando. Que él era su eterno compañero y que habían compartido el amor y la cama en otras vidas lejanas. Le hubiera gustado preguntarle, si él también podía ver el punto rojo en su frente. Le hubiera gustado decirle, que la abrazara tan fuerte hasta cortarle la respiración y que no la vuelva a soltar jamás. Le hubiera gustado, pero dijo “hola”.